lunes, 3 de noviembre de 2014

Amor fraternal - Parte II

El Capitán Jefferson era un hombre de unos treinta años, alto, fornido y, aunque no era demasiado agraciado, el porte elegante de su persona solía ser suficiente para suplir aquella carencia. Al menos, ésta es la impresión que dio a Claudia cuando llegó a Brighton y le vio esperándola a la puerta de su casa.
Aunque a Claudia le había costado un poco convencer a su padre, finalmente había conseguido que el anciano cediera, no sin antes asegurarle enésimas veces que no le pasaría nada.
El trayecto en el carruaje fue monótono, pero como la cabeza de la muchacha estaba llena de pensamientos esperanzados y, a la par que éstos, preocupaciones, el viaje no se le hizo largo. Cuando al fin llegó a su destino, el Capitán Jefferson la esperaba a la puerta de su casa. En cuanto el coche hubo parado, se acercó galantemente a la joven y le ofreció su brazo, y tras mandar a los criados que se hicieran cargo del equipaje, la invitó a entrar.
Claudia se sentía un tanto extraña y, por qué no decirlo, amedrentada; sin embargo, hizo lo posible por ocultar estos sentimientos y respondió con una cortesía y una educación exquisitas a todas las atenciones que le prestaron. Siguió sin rechistar al ama de llaves, una mujer de unos sesenta años que, como muchas damas de su edad, gustaba enormemente de hablar, y que no desaprovechó aquella ocasión para mostrarle a su joven huésped todos los rincones de la casa y contarle todas las historias y anécdotas familiares que se escondían tras cada objeto con el que se tropezaban.
Para no molestar a la dama, Claudia fingía interesarse por todo aquello, pero lo que ella en verdad quería era poder hablar con el Capitán Jefferson de Charles, y la exagerada elocuencia de aquella buena mujer comenzaba a hastiarla. Por suerte para ella el mismísimo capitán en persona vino a rescatarla de aquel huracán de anécdotas familiares.
-Miss Carlston, la señorita debe estar cansada del viaje; condúzcala a su habitación de inmediato- dijo. Y añadió, mirando a Claudia de reojo con una sonrisa pícara- Estoy seguro que a la señorita no le importará seguir escuchando su interesantísimo relato en otro momento.
Claudia le dirigió una sonrisa de agradecimiento y siguió a Miss Carlston hasta sus aposentos, donde, dado que, efectivamente, el cansancio del viaje ya había empezado a hacer mella en ella, pudo descansar a gusto.
***
-Así que- dijo el Capitán tras un silencio- está usted aquí por su hermano.
La joven asintió. Durante toda la cena había tenido ganas de sacar el tema, pero no sabía como hacerlo. Gracias a Dios, el Capitán Jefferson lo hizo por ella.
-Por favor- suplicó-, dígame qué sabe de Charles... ¿Qué está pasando?
Su noble anfitrión guardó silencio por unos segundos. No obstante, al cano de este breve lapso de tiempo, empezó a contarle lo poco que -dijo- que sabía. 
Charles se había alistado en la marina por una sospecha sobre la muerte de su madre, y había descubierto algo que le había preocupado sobremanera. Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, el Capitan pudo ser más detallado que John en su explicación. 
Su hermano había recibido una nota de alguien insinuándole que su madre había sido envenenada. En la nota, el informante anónimo decía no poder dar más información, pues, de dejar lo que sabía por escrito, su vida quedaría expuesta. Aun así, le invitaba a encontrarse con él en España, donde había huido con tal de salvar su vida. Por eso Charles se alistó a la Marina.
Sin embargo, cuando pudo desembarcar a España y reunirse con el misterioso Anónimo, alguien le asesinó antes de que pudiera contarle lo que había pasado y, lo más importante, quién era el asesino. Desde entonces, Charles se había dedicado a buscar al asesino de este hombre para sonsacarle información. Estaba seguro de que tenía algo que ver con todo ello.
Lo último que había sabido el Capitán Jefferson del hermano de Claudia era que continuaba en alta mar, pero al referirle ella la carta que había recibido de él, su rostro se contrajo en una mueca de preocupación. Aseguró no saber nada más, pero le prometió a la muchacha avisarla tan pronto como tuviera noticias. Por el momento, nada más podía hacer.
Claudia quedó un tanto decepcionada. Había esperado que el Capitán la pudiera poner en contacto con su hermano enseguida, pero ahora resultaba que el Jefferson no sabía nada de él. La preocupación, la angustia y el malestar no la dejaron pegar ojo en toda la noche, y a eso de las dos de la madrugada, desistiendo ya del esfuerzo por quedarse dormida, decidió salir al jardín para serenarse un poco.
Se vistió con presteza y bajó sigilosamente las escaleras, atravesó el pasillo y llegó al vestíbulo. Ya se disponía a salir cuando vio que por la rendija de la puerta del estudio del Capitán se veía una luz. Aguzó el oído y oyó cómo el Capitán Jefferson susurraba. Debía haber alguien más, pues se percibía un leve murmullo, pero ella fue incapaz de distinguir la voz de su interlocutor. Se acercó un poco a la puerta, movida por la curiosidad. Sabía que aquello no era correcto; sin embargo, sentía que debía hacerlo. Dado que la puerta de la habitación era de madera pesada, siguió sin poder oír la voz del misterioso visitante, pues hablaba extremadamente bajo. Sin embargo, sí pudo oír al Capitán. Y lo que oyó la dejó paralizada.
-Ahora ella está aquí, en mi casa- decía-.¿Qué debo hacer para alejarla de Charles?
Claudia se estremeció. No podía creer lo que estaba oyendo. Había confiado en él, había viajado hasta allí para que la ayudara a encontrar a su hermano, y ahora resultaba que había sido en vano... ¿Qué estaba pasando? ¿Qué es lo que tramaba el Capitán? ¿Qué significaba todo aquello?
Una mano negra oprimió el corazón de la joven, llenándola de angustia y desesperación, al tiempo que las últimas palabras del Capitán Jefferson resonaban en su cabeza:
-Haré lo que esté en mi mano para evitar que se encuentre con su hermano.

                            ----------------------------------------------------------------------------------

Aquí acaba la segunda parte. Si queréis saber como continúa esta historia, votad en la encuesta que tenéis a la derecha qué es lo que debería hacer Claudia en las actuales circunstancias o bien dejad vuestra opinión en los comentarios. Tenéis dos semanas para votar; al cabo de éstas, empezaré a escribir la continuación.
Espero de corazón que disfrutéis con esta historia y aprovecho para disculparme por la tardanza en subir la segunda parte. Procuraré que no vuelva a ocurrir.
Deseo con toda mi alma que os guste y os invito a suscribiros a este blog.
¡Hasta pronto, Anacrónicos!

5 comentarios:

  1. es una pasad@ lo flipas colega!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. E disfutao un manton i esperro ke salja el sigiebte
    jo tamben lo filipo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    vy: N'gotatt

    ResponderEliminar
  3. osea, esk ha sido una pasada, osea xk es tope guay y diber!!!!!!!!!!!!!!!!!! ;) :)(=

    ResponderEliminar
  4. ma ha encantado y espero que publiques pronto la tercera parte ;)

    ResponderEliminar
  5. buenas noches, cariño. este es un muy hermoso blog. mucha suerte con todo linda

    ResponderEliminar