jueves, 7 de agosto de 2014

Anhelo de poesía

¡Hola de nuevo, queridas Mentes Anacrónicas!
Sé que hace ya bastante que no publico nada, y me disculpo por ello. Sin embargo, aquí estoy para suplir el fallo.
Quiero contaros un secreto. Algo que guardo en el fondo de mi alma. Quiero hablaros de la poesía que en mí habita.
A menudo, cuando me siento sola, miro a mi alrededor buscando la poesía que habita en este mundo. Sé que se esconde en las más extrañas cosas; sé que lo más inesperado puede contener un verso o dos. El más efímero sentimiento, el trozo de papel que formaba parte de aquella libreta que alguien me regaló, el pétalo de una flor que cayó en mis manos aquel melancólico día, la entrada de cine de aquella sesión que compartí con mis amigas... Todo puede contener poesía. 
Sin embargo, hay días grises en los que, por mucho que busco, no encuentro nada... Ni un verso, ni una rima, ni una anáfora, ni una triste metáfora... Registro a fondo todos los rincones, pero el velo que forman las preocupaciones, los miedos, las peleas, los dolores de cabeza... me tapa los ojos de tal manera que, aunque lo tenga delante mismo de mis pupilas, soy incapaz de verlo. Es en esos momentos en los que una exasperante monotonía, una irritante soledad, un vacío infinito llena mi alma y mis horas. Trato de oler algún verso en el ambiente; trato de vislumbrar alguna poesía en el aire, mas todo es en vano. Parece que la traviesa hada de la inspiración juega al escondite; impone silencio a la lira que en mi corazón habita, evitando así que arranque las notas que preciso para formar mis modestas composiciones... Hasta que, por fin, descubro la manera de disfrutar, por fin, de mi diaria dosis de poesía.
Sin vacilar un solo instante, extirpo de mi alma ese sentimiento de monótona soledad, y sacudiéndola cual alfombra, la voy despedazando poquito a poco para formar, uno a uno, los versos que la componen:

Tristeza en el alma, oscuro es el día;
horas tan largas parecen perecer.
Vacío tan grande, escasa alegría,
enorme silencio difícil de romper.
¡Anhelo de poesía!

Los ojos cegados, mi alma vacía,
íntimo fuego que no logra arder.
Silencio absoluto, callada la lira,
mi mundo cerrado, muy fría mi piel.
¡Anhelo de poesía!

¡Apaga el silencio, ven Musa Divina,
haz en mi alma poesía florecer!
¡Inspira palabras a esta pluma mía
que alegre rasguea el blanco papel!
¡Anhelo de poesía!

Desesperada, la traviesa hada que imponía silencio a la melodiosa lira trata de esconderse en algún otro lugar. Sin embargo, al ver cómo se van librando los versos, su alma de poetisa puede más que su espíritu travieso, y ella misma, con delicadeza, apoya sus manos en las, hasta ahora, lacónicas cuerdas y les arranca las notas que me faltan y que, con gran dulzura, vuelan hasta mi oído y me permiten escribir la poesía que arriba os he mostrado.
Así pues, queridas Mentes Anacrónicas, cuando os sintáis solos y vacíos de poesía, no busquéis donde acostumbráis. Cerrad los ojos y, con presteza, buscad en vuestra alma, pues, ya no sólo vuestros sentimientos, sino vosotros mismos sois una poesía completa. Vosotros, queridos lectores de este blog, sois toda una antología poética que sólo vosotros sois capaces de escribir. 
Sólo vosotros sois capaz de componer vuestros versos...

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