viernes, 30 de mayo de 2014

Soy una soñadora...

Soy una tonta. Una ilusa y una idiota. Y si a eso le sumamos la tremenda imaginación que tengo... Un desastre.
¿Por qué a las situaciones que me intrigan se me ocurren las respuestas más raras? Me monto historias y paranoias impresionantes en mi mente, y lo peor es que prácticamente me las creo. Y claro, luego vienen las falsas ilusiones, esperanzas, etc... Y el gran desengaño.
La realidad suele tener una explicación bastante simple para todo. Pero a mí, la mayoría de las veces, esas explicaciones no me convencen. Muchas veces dejan cables sueltos, normalmente detalles sin importancia... Sin embargo, en mi mente sí la tienen. Las historias y deducciones que saco yo son mucho más concretas, coherentes y, desde luego, interesantes.
La realidad suele ser muy aburrida. ¿Por qué no puede ser como en mis sueños, en que nada carece de importancia y hay millones de historias apasionantes dignas de ser convertidas en novelas? Vale, es verdad, en la vida real también hay historias interesantes, pero hay que buscarlas. Y ahora cuesta más que nunca encontrarlas.
Cada vez más, la gente busca integrarse en la sociedad y evita destacar. Muchos lo niegan, pero también les da miedo ser raros. Ser diferentes. Que les miren mal.
Así, nos vamos convirtiendo en una sociedad homogénea e individualista, porque aunque nadie quiera destacar, solo nos preocupamos del bienestar propio. En consecuencia, las grandes historias y las heroicidades son cada vez más escasas.
Por si fuera poco, no solo estamos dejando de lado estas grandes historias sino que nos da miedo protagonizarlas. ¿Por qué? No lo sé. Será por esa fobia enfermiza a la creatividad personal. Y, por si no tuviéramos bastante, cada vez que uno de nosotros, que tenemos almas soñadoras, declaramos nuestra versión de una historia, reivindicamos alguna heroicidad quizá ficticia, reescribimos aventuras dejándonos guiar por nuestros sueños... Nos acallan. Nos tachan de mentirosos, cuentistas, exagerados... Salvo si, desde un principio, lo presentamos ya como una obra de ficción.
Sin embargo, ¿por qué no traer el mundo de los sueños a la vida "real"? ¿Por qué no añadir un poco de color, de vida, a esta monotonía y mediocridad en la que nos estamos hundiendo? Los sueños forman parte de nuestra existencia tanto como los hechos palpables; son parte de nuestra esencia y no podemos desterrarlos así como así. Son parte de nosotros mismos.
Sí, ya sé que suena a locura. Y seguramente lo es. Pero ¿por qué conformarnos con aquello que podemos ver y tocar? ¿Por qué no sentir?
Sé que muchos dirán que mi propuesta es una soberana estupidez, pero me da igual. Yo no voy a conformarme con la mediocridad de una vida tranquila y sin incidentes. Me niego. Pienso escribir mi propia historia, aunque tenga que inventármela. Pienso hacer las deducciones más descabelladas a partir de todo lo que me pase, quiero imaginarme las aventuras e historias más fascinantes... Y estar predispuesta a protagonizarlas.
¿Que me voy a llevar desilusiones? Sí. ¿Que quizá sufra preocupándome demasiado por todo aquello que me imagino que podría pasar? Lo sé. ¿Que quizá me "emparanoie" un poco con mis propias historias? Lo he comprobado. Entonces, ¿por qué me molesto? Simplemente, quiero vivir una vida excepcional, puesto que solo hay una. En mi cabeza he vivido las más emocionantes aventuras; yendo por la calle he creado las más increíbles historias de las cuales he sido protagonista. Y, aunque no haya podido verlo ni tocarlo, me siento como si lo hubiera vivido. ¿Que estoy loca? Probablemente.
Últimamente he vivido situaciones extrañas, confusas o que me han intrigado, y como buena soñadora que soy, he intentado sacar mis conclusiones, abusando, quizá de mi imaginación, y tratando de dar sentido al más mínimo detalle. ¿Y a qué me ha llevado esto? A la desilusión. A la decepción. A sentirme tonta e ilusa... Pero también a comprender quién soy.
Soy una soñadora. Mi vida no es como la de los demás. Está destinada a vivir aventuras y a protagonizar grandes historias, y si no las encuentro, yo misma las voy a crear. Me da igual lo que digan de mí. Si dicen que estoy loca, seguramente tengan razón. Pero no me importa. Esta locura me concederá mi vida de novela. Porque yo reniego de esta vida mediocre, superficialidad e individualista de esta sociedad que solo busca comodidad. Me aferro a esta vida de sueños que seguramente comportará sufrimiento, indecisión, angustia... Una vida de agitación emocional. Una vida guiada por mis sueños, destinada a hacerlos realidad.

Porque, ¿qué sería de la vida sin los sueños?

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