domingo, 23 de marzo de 2014

El sueño II

Por fin llega la noche, y con ella, un nuevo sueño.
Mi alma, ansiosa, se aleja de mi cuerpo para acudir al encuentro de aquel hombre que conocí hace poco. Con los nervios a flor de piel, vago sin rumbo hasta que él me encuentra. Sonrío y, como la otra vez, le doy mi mano.
Esta vez, sin embargo, no me lleva a bailar, sino a unos enormes jardines alumbrados solo por la luz de la luna y millones de pequeñas luciérnagas que bailan al son del cantar de los grillos.
Caminamos lentamente y en silencio, dejando que la poesía reinante del lugar inunde nuestras almas. El halo de luz que le envolvía la otra noche ya no me impide ver su rostro, pero aún me cuesta creer que sea quien creo que es. Intento decir algo para romper ese silencio, pero las palabras mueren en mis labios. Le miro a los ojos y él se detiene, devolviéndme la mirada con esos ojos oscuros.
-¿Qué?
Intento responder, pero no sé que decir. Me maldigo a mi misma por mi estupidez, y me obligo a contestar:
-¿Quién eres?
Él se ríe con una voz dulcísima, tierna y melodiosa. Me mira divertido, me toma de nuevo la mano, y clavando sus pupilas en las mías, dice:
-¿Todavía no lo has adivinado?
Haciendo grandes esfuerzos para que no me tiemble la voz, consigo responderle:
-Eres Bécquer, ¿verdad?
El poeta hace una humilde reverencia, y una sonrisa se dibuja en sus labios.
-Servidor.
Mi alma está exultante, pero intento disimularlo. ¡Hay tantas cosas que desearía decirle! ¡Tantas cosas que preguntar! Temo despertar de ese dulce sueño, aunque sé que no es más que eso. Quiero saborear cada momento, mirar sus ojos, ver la poesía escrita en ellos, comprender su alma, sentirle cerca de mí... Seguimos caminando, estableciéndose entre nosotros una muda comunicación basada en la poesía, que sin necesidad de palabras, se filtra entre nuestras almas cargadas de sentimiento... Pregunto sin necesidad de palabras, y él me responde con solo una mirada. 
El sol despunta ya en el horizonte, lo que significa que se nos está acabando el tiempo. Dándose cuenta, mete su mano en el bolsillo y saca una carta, y entregándomela suavemente, me da un beso en la frente y susurra:
-Hasta pronto, mi pequeña soñadora.
Y mientras la imagen se disuelve, mi alma se ve obligada a volver a la triste realidad.

Me incorporo en la cama con una sonrisa en el rostro. Y como el día anterior, miro encima de la mesilla de noche.
Esta vez, en lugar de una rosa, hay un pequeño sobre escrito a pluma con una caligrafía impoluta.

viernes, 21 de marzo de 2014

Feliz Día Mundial de la Poesía

Antes de que se acabe este día, quiero recordar a todos que hoy es el Día Mundial de la Poesía. Evidentemente, en este blog no podríamos pasarlo por alto, así que, para felicitaros a todos esta jornada, os dejo aquí esta sublime poesía del gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer:


No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

¡Feliz Día de la Poesía a todos los Anacrónicos!

jueves, 20 de marzo de 2014

Simplemente inténtalo

-¿Vas a intentarlo?
-No lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes?
-Pues eso, que no lo sé. No estoy muy convencido de que lo consiga.
-¿Por qué no ibas a conseguirlo?
-Pffff es que... hay tantas dificultades de por medio...
-Bueno, claro. Pero eso es normal.
-Ya, pero... no sé. Quizá debería probar con algo más fácil, más... a mi medida.
-¿Cómo que a tu medida? ¿A qué te refieres?
-Bueno, es que a ver, no soy ningún prodigio ni nada por el estilo, así que... Quizá esto me venga demasiado grande...
-Pero es tu sueño, ¿no?
-Sí, pero...
-¿Pero qué?
-Pues que... tampoco es que tenga muchas posibilidades de conseguirlo, así que... ¿Para qué intentarlo? Total, lo sueños solo son sueños.
-...
-¿Qué?
-Pues que eres tonto.
-¡¿Yo?! ¿Por qué?
-Pues porque sí. A ver, ¿realmente deseas eso?
-Vaya pregunta, pues claro. Llevo años soñando con ello.
-¿Entonces, a qué esperas para empezar?
-Ya te lo he dicho, hay muchas dificultades...
-¿Las suficientes como para hacerte renunciar a tu sueño?
-Bueno, no estoy renunciando... Solamente lo aplazo hasta que las condiciones sean más favorables...
-¿Y eso cuando va a ser?
-¿Cómo voy a saberlo?
-Si no sabes cuál sería el momento correcto, ¿cómo vas a saber que ya ha llegado cuando llegue?
-Pues... no sé. Supongo que me daré cuenta, simplemente.
-¿Seguro?
-¡Que sí, hombre! ¡Que yo sé lo que me hago!
-...
-¡De verdad, que no estoy renunciando, solo estoy esperando el momento oportuno!
-¿Y qué pasa si mañana ya no estás aquí? Habrás esperado en vano...
-Venga, hombre, no seas pesimista... 
-Pero es verdad.
-Bueno, pero claro, si ahora no puedo hacerlo, ¿qué le voy a hacer yo?
-Las limitaciones y dificultades que mencionas las pones tú mismo, pero bueno...
-No me vengas con filosofadas. Yo no controlo el mundo que me rodea.
-No, pero sí tus decisiones. ¿Tanto te costaría luchar por tus sueños?
-Vaya, que romántico... ¿Y si no tengo ganas de luchar, qué?
-Entonces es que realmente no lo deseas.
-Eso no es verdad. Tengo muchísimas ganas de conseguirlo. Pero creo que tiene que haber una manera más fácil de conseguirlo, porque si empiezo ahora, de todas maneras no lo conseguiría.
-¿Y resulta que el pesimista soy yo?
-¡Pero es verdad! ¿Para qué esforzarse si esperando un poco hay la posibilidad de encontrar una vía más fácil?
-Bueno... quizá cuando la encuentres ya se te habrán pasado las ganas de intentarlo... Quizá ya te habrás resignado a una vida monótona y mediocre, en la que los sueños no tienen ningún valor... Serás como tantos otros, que por vagancia y miedo dejaron escapar la oportunidad cuando realmente estaba allí, pero no quisieron verla... Porque las dificultades que acompañaban dicha oportunidad empañaban la idea que tenían ellos de la misma... 
-Qué va, yo... no... Yo realmente tengo ganas de hacerlo, pero... todavía no, porque... porque las condiciones no son propicias aún...
-O sea, que tienes miedo
-¡No! Pero... ¿y si no sale bien? ¿y si todo mi esfuerzo no sirve para nada?
-¿Y si sirve?
-Pero nadie me asegura que vaya a servir.
-Si no lo intentas, seguro que no lo vas a conseguir.
-El esfuerzo que tendría que emplear es desproporcionado a la finalidad...
-Al contrario, cuanto más te esfuerces, más orgulloso te sentirás en cuanto lo consigas.
-Vale, quizá sí, pero si no lo consigo... el fracaso también será mayor.
-Será peor si no haces nada, porque luego te vas a arrepentir toda tu vida. Puede que sí, que no te salga bien, y ese fracaso te va a doler. Pero tantas oportunidades tienes de fallar como de acertar, y si aciertas, habrá valido la pena. Pero si ni siquiera empiezas, nunca lo conseguirás. Y en lugar de decir "¡Lo conseguí!" o "¡Estuve cerca!", te va a remorder la conciencia durante toda tu vida, preguntándote qué habría pasado si realmente lo hubieras intentado.
-Entonces...
-Entonces, hazlo. No te acobardes antes de empezar, que así no llegas a nada. Solamente tienes que mirar delante tuyo y dejarte guiar por tus sueños. Si es lo que el corazón te pide, si realmente sueñas con ello, si de verdad lo deseas... entonces, simplemente ¡inténtalo!

lunes, 10 de marzo de 2014

El sueño

Cierro los ojos, y el cálido abrazo de Morfeo invade mi alma.
Estoy en un sueño. Poco a poco, mi mente se separa de mi cuerpo y entra en este extraño mundo de poesía e ilusión. Voy vagando sin rumbo, esperando encontrar algo o a alguien, y no pasa mucho tiempo hasta que doy con él.
Un hombre alto, moreno, de pelo rizado, de unos treinta y tantos años. No puedo distinguir bien su cara a causa de un halo dorado que envuelve su figura. Sin decir una palabra, extiende su mano hacia mí y yo le doy la mía. La aprieta, sonríe y alza el vuelo. Me lleva a una glorieta de mármol en medio de las nubes, con rosales de flores blancas que trepan por las mismas. La música empieza a sonar, y pasándome la mano por la cintura, empieza a bailar conmigo.
No le conozco, pero su sonrisa embriagadora hace mella en mí. Sus ojos, oscuros y penetrantes, atraviesan mi alma y arrancan mis más íntimos secretos. Y, sin embargo, no me molesta. Yo misma, al observarle a él, le comprendo sin necesidad de palabras. Entre nosotros se establece una comunicación muda regida por sonrisas y miradas. 
El tiempo pasa, pero no me doy cuenta. Sin dejar de bailar, él coge una rosa y me la ofrece. Me sonrojo, pero la acepto sonriendo. La poesía se respira en el ambiente, y el aura resplandeciente que hasta entonces ha estado ocultándole el rostro empieza a disiparse. Entreveo sus facciones, y aunque no llego a verle del todo bien, me doy cuenta de que su cara me es conocida.
-¿Quién eres?-le pregunto.
Antes de que pueda responder, el despertador empieza a oírse en la lejanía. Las nubes que nos rodean empiezan a disolverse, y él pronuncia sus primeras palabras de esa noche:
-Hasta tu próximo sueño.
Me besa galantemente la mano, y todo ese mundo de poesía desaparece. 
Me incorporo en mi cama, deseando ya que llegue la noche para volver a soñar. Entonces bajo la vista y una sonrisa se dibuja en mis labios.
Encima de mi mesilla de noche, una rosa blanca yace sobre el libro de las Rimas de Bécquer.

domingo, 9 de marzo de 2014

La casa de mis sueños

¡Feliz domingo, Anacrónicos!
Hoy os voy a abrir las puertas a mi casa de ensueño. Seguramente, tras leer esto, muchos pensarán "¡Hala! ¡Menudos delirios de grandeza!" o "No pide poco ni nada, la tía..." o cualquier cosa por el estilo. Pero soñar es gratis, así que no voy a escatimar en sueños.
Así pues, querido lector, imagínate esto: estás en medio del campo; delante tuyo hay un camino de arena y detrás tuyo se extienden verdes praderas. A lo lejos puedes ver el mar, como una fina línea que se difumina con el cielo. A ambos lados de la senda, a partir del punto donde estás, hay un bosque típico mediterráneo.
Empiezas a andar. Al final del camino te encuentras una gran finca rodeada de una valla de seto alta, a la que se accede por una gran puerta de hierro forjada, hecha con delicadas filigranas, que se encuentra justo enfrente de ti.
Abres la puerta y das un paso al frente. Un jardín enorme se extiende ante tus ojos, decorado por un enorme laberinto de seto, en cuyo centro hay una gran fuente. A medida que avanzas, te vas encontrando por los pasillos de dicho laberinto estatuas de mármol de escenas y personajes tanto mitológicos como religiosos. Sigues adelante y, finalmente, lo dejas atrás.
Y entonces ves la casa. Una magnífica villa romana de estilo neoclásico, con la fachada también de mármol blanco; el clásico frontón sostenido por columnas de orden jónico. A ambos lados de la fachada principal, a la cual se accede mediante una gran escalinata, hay balcones con balaustradas y grandes ventanales.
Entras en la casa. Toda ella está decorada al estilo victoriano, con majestuosos muebles de madera de caoba, objetos de plata, alfombras y cortinas de colores rojizos, blancos y dorados. Hay grandes cuadros en las paredes, bustos de ilustres poetas tales como Homero, Shakespeare y Bécquer y lámparas de araña con cristales que proyectan arcoiris en las paredes empapeladas con motivos florales.
Subes y bajas por los pisos, entras en las habitaciones, en el baño, en la cocina... Todo está decorado con el mismo estilo. En las habitaciones, todas con baño privado, hay armarios de tamaño considerable, una cama de matrimonio con dosel y sábanas blancas, un tocador con espejo, una mesa y un sillón. A los pies de la cama, como corresponde a la época, hay un gran baúl.
Siguiendo el recorrido, entras en la mayor habitación de toda la casa: la biblioteca. Un bosque de libros en el que perderte; con un escritorio en el medio de la sala. Dicha biblioteca se parece a la de la película "La Bella y la Bestia", y hasta tiene un gran ventanal que da a un pequeño balcón semiesférico con la ya antes mencionada balaustrada de mármol.
Continúas paseando por la casa, y te topas con un patio interior. Es un patio porticado, con columnas del mismo orden que las de la fachada, en el centro del cual está el impluvium, al estilo de las domus romanas. Este tiene peces de colores y nenúfares, y en el centro hay una pequeña fuente que representa al dios Poseidón. Alrededor de este pequeño estanque hay algún banco y alguna mesa de hierro forjado, ideal para salir a tomar algo las tardes de verano.
Al fin sales de la casa, pasando antes por la última estancia de la misma: la capilla. Una capillita pequeña con unos pocos bancos, una vidriera de colores, un altar inmaculado y las estatuas de la Virgen, San José y el Niño Jesús. Hay algunos cirios y una habitación pequeñita al lado de lo que sería el absis, que sirve de sacristía. Saliendo del lugar, encuentras el resto de la propiedad: un enorme prado con árboles frutales y un estanque a lo lejos, con un camino que se bifurca. El de la derecha va hacia los establos, donde hay tres caballos andaluces. El de la izquierda te lleva hacia una glorieta medio escondida entre árboles y rosales. A su lado está el estanque, en el que unos patos revolotean, jugando. A su orilla crecen narcisos y juncos, y una pequeña barca de remos se aposenta entre ellos.
Es, en fin, una casa de ensueño. Una villa que une las dos grandes corrientes artísticas del siglo XIX, el romanticismo y el neoclasicismo. Un lugar en el que la poesía se palpa en el ambiente y en el que te mueves entre dos épocas distintas: la antigua Roma y la Inglaterra victoriana. Es la conjunción perfecta de mis dos grandes pasiones, la cultura grecorromana y la poesía. 
Es, como he dicho, la casa de mis sueños.

sábado, 8 de marzo de 2014

Bienvenida

¡Bienvenido, Anacrónico!
Déjame presentarme: me llamo María, y soy un alma romántica encerrada en una época que no le corresponde. Este siglo, en el que la gente parece haber olvidado el valor de la poesía y vive absorbida por las tecnologías del mundo moderno, no está hecho a mi medida.
Cada vez más, tengo la sensación que la belleza de la vida no se aprecia. La gente vaga sin rumbo tratando de encontrar un fin o una causa de su existencia, sin pararse a contemplar el milagro de la vida. Pasan los días buscando, sin ver ni observar lo que los rodea... ¿Qué pasaría si se pararan un momento? ¿Qué verían? Quizá advertirían el paso del tiempo... quizá todo el mal que hay en el mundo... quizá el deterioro de la sociedad...
O a lo mejor nada de esto. Puede que vean las gotas de la lluvia resbalar por el cristal de la ventana. Puede que vean una mariposa posándose sobre una flor. Puede que vean una niña jugando con un perrito. Puede que, simplemente, vean una sonrisa en el rostro que está a su lado...
Entonces ¿por qué la gente no abre los ojos? ¿Será, acaso, por miedo? Ciertamente, quizá no todo lo que vean sea agradable a la vista. Pero quizá sea mejor que vivir engañado.
Así que si tu también eres una de esas personas que corren por la vida buscando el final sin pararse a disfrutar de la misma, este es mi consejo: DETENTE. Mira a tu alrededor y fíjate en los pequeños detalles que pueden alegrarte la vida.
Y si no te gusta lo que ves, o prefieres ver otra cosa, entonces cierra los ojos, quédate parado y sueña conmigo. Olvida este mundo, abre tu alma y ven conmigo a buscar una dosis de poesía...